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14 de Septiembre de 2014

“Lo de Pujol es un caso de ruina moral, y entre muchas otras cosas merece compasión”

¿El caso de Pujol es el paradigma de la zorra cuidando el corral?

No exactamente, porque tal vez la zorra no lo fuera desde el principio. Probablemente es más un caso de ruina moral: una pequeña transigencia lleva a otra y al final uno es quién y cómo no quería ser. Sin prejuzgar a nadie, los casos como el que menciona merecen, además de otras muchas cosas, compasión.

¿El poder corrompe a las personas?

Frecuentemente, porque hace falta una vocación política genuina y perseverante para no arruinarse moralmente en la vanagloria o enriqueciéndose materialmente. Para ser político y honesto hace falta sentir que se tiene mucho que ofrecer a los demás, una visión que sacar adelante, un bien que lograr para otros. Cuando eso decae el político debería temerse a sí mismo y abandonar; pero lo frecuente no es que lo haga, ciertamente.

¿Deberíamos repensar la figura del político y establecer algún tipo de mecanismo corrector?

Creo que habría que pensar en serio en la limitación temporal en los cargos. Y, desde luego, hay que repensar la organización de los partidos políticos cuya verticalidad de poder cumplió una misión en la transición para darles una consistencia de la que carecían. Pero hoy es por sí misma una fuente de corrupción, para empezar por el tipo de político que promocionan: el más dócil y sumiso al poder.

 

¿Son éticamente aceptables las leyes que permiten el enriquecimiento abusivo de directivos?

Son un escándalo, que en la empresa debilitan la cohesión interna y defraudan el principal de los bienes económicos y organizativos: la confianza.

¿Puede un empresario conseguir el éxito sin recurrir a prácticas poco legales?

Sí, no tengo duda, aunque a veces implicará renuncias. Además, habría que discurrir qué significa tener éxito, y también qué significa “riqueza”. Si se es un pobre hombre en términos morales no hay riqueza que le salve a uno del fracaso más importante, el personal.

¿Están nuestros altos cargos preparados para no aceptar ningún tipo de soborno?

Vivimos en una cultura que valora poco la renuncia y mucho el placer y el lujo. Y de esa cultura somos culpables y víctimas todos. Para no aceptar la riqueza fácil y deshonesta hay que tener una idea de bien y del deber contraria a la dominante entre nosotros. Por eso la corrupción es un problema estructural, por nuestra cultura, no por la “debilidad” de los políticos o directivos que es en buena medida una consecuencia.

¿Cómo se anestesia la conciencia para decir una cosa y hacer la contraria?

Basta mirarse a uno mismo: todos lo hacemos todos los días, aunque de ordinario en asuntos menores. Basta con no reprenderse y corregirse en esos asuntos menores. Pasar a hacerlo en temas mayores es sólo cuestión de coraje, y del riesgo a que te descubran que estés dispuesto a asumir. En ese sentido, los corruptos nos envían una denuncia a todos los demás: ¿no habrías hecho lo mismo en mi lugar? Y también ¿Lo que te impide hacerlo es sólo el miedo? Eso no nos hace mucho mejores que ellos.

¿Qué se activa en una persona para que pase la puerta de la corrupción?

Una idea de sí mismo que no le repugna. Y un decaimiento de todo lo mejor que hemos sido o deseado ser.

Tienen sus clases de Fundesem fama de polémicas…

¿Sí? Bueno, tal vez sería preocupante que no lo fueran: un filósofo hablando de ética entre empresarios, directivos y hombres de negocios… No obstante, espero no acabar como Sócrates en Atenas, condenado a la cicuta. Sin bromas, creo que dice mucho de Fundesem el incorporar a un filósofo a la formación de directivos empresariales.