FBR -  La medición del impacto en las inversiones de impacto

La medición del impacto en las inversiones de impacto

Luis Hernández Guijarro

Publicación
Publicado el
14 de Marzo de 2016

La inversión de impacto se comenzó a definir en 2009 como “aquellas inversiones de capital en empresas o fondos que generan bienes sociales y/o medioambientales junto a unos retornos para el inversor que pueden ir desde la simple devolución del capital a una rentabilidad igual a la del mercado”. En el European SRI Study 2014 publicado por EUROSIF (Foro Europeo de Inversión Socialmente Responsable), hay un extracto titulado Impact Investing in Europe en el cual aparecen diferentes definiciones de Inversión de Impacto y características clave según diferentes organismos participantes en ese estudio como por ejemplo: OCDE, Global Impact Investing Network (GIIN), World Economic Forum (WEF), European Comision, Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE research proyect). Este último, por ejemplo define la Inversión de Impacto como: “cualquier actividad inversora con fines de lucro  que intencionalmente genere beneficios medibles para la sociedad”. Como características clave, menciona las siguientes: Correlación entre el impacto y la rentabilidad financiera: los conductores de rendimiento financiero de el modelo de negocio financiado no puede disociarse de los objetivos de impacto, el impacto social debe ser intencional, el impacto social debe ser medible y por último se necesita generar beneficios positivos para la sociedad.

Los inversores de impacto, teniendo diferentes motivaciones,  comparten estas dos características:

1.-Buscan un retorno financiero y, por lo tanto, no se puede enmarcar la inversión de impacto en el mundo de la filantropía o de las donaciones.

2.-Las inversiones se dirigen expresamente a iniciativas capaces de producir un impacto social. Existe una intencionalidad explícita de generar un impacto social positivo, luego la generación de impacto debe formar parte de las variables en la toma de decisiones de una inversión. 

El objetivo de generar un impacto social la distingue de otras estrategias de inversión socialmente responsable que son menos activas en la generación de impacto. De esta distinción nace el reto para la inversión de impacto de medir y reportar eficazmente el impacto en las entidades, comunidades, poblaciones en las cuales se invierte o se presta un servicio nuevo y asegurar que éste impacto tenga un papel fundamental en el proceso de toma de decisiones de los gestores. El estudio publicado por JP Morgan y GIIN (Eyes on the Horizon, the Impact Investing Survey 2015), afirma que de los 146 inversores institucionales de impacto entrevistados que gestionan aproximadamente 60 mil millones de dólares, más de la mitad ha visto crecer el capital comprometido en sus fondos. A su vez, existe una fuerte diversificación regional de las inversiones y los principales sectores a los que se dedica más del 50% de la inversión de impacto es a vivienda social y microfinanzas y otros servicios financieros. Los inversores reconocen que no basta con decir que se está logrando un impacto; es necesario saber cómo, cuándo y dónde tiene lugar; cómo se mide, cómo se reporta y como se certifica.

Existen, en cambio, una multitud de instrumentos y marcos operativos desarrollados para medir y reportar el impacto social de una inversión como: el catálogo IRIS, el Social Return On Investment (SROI), el marco de evaluación de impacto de World Business Council for Sustainable Development, el London Benchmarking Group y el Análisis de Rentabilidad Social de la Fundación Bill y Melinda Gates,etc…Esto conlleva una enorme diversidad de planteamientos, metodologías y mecanismos de implementación y de auditoría del impacto social. Cada empresa de auditoría de Impacto (Microrate, Planet Rating, Microfinanza Rating y M-CRIL tiene su propia metodología).

La European Venture Philanthropic Asociation (EVPA, www.evpa.eu.com), Asociación Europea que actualmente está compuesta por más de 150 miembros de más de 23 países principalmente de Europa, en Abril de 2013 elaboró un informe llamado “A Practical Guide for Measuring and Managing Impact (EVPA 2013)” cuyas autores son Dr. Lisa Hehenberger, Anna-Marie Harling and Peter Scholten, en la cual definen y desarrollan cinco pasos para la medición del impacto: Fijación de Objetivos, Análisis de las partes interesadas, Medición de Resultados, Verificación y Valoración del Impacto y Monitorización y Reporting. Al final del informe comentan cinco casos prácticos de inversiones de impacto, su medición y las conclusiones que sacaron de los mismos.  

Actualmente en una fase más avanzada del sector, existe una nueva generación de organizaciones tales como Social Performance Task Force, SMART Campaign (www.smartcampaign.org), Microfinance Transparency y la Iniciativa Truelift, y se ha fijado el objetivo de proporcionar transparencia y estándares comunes en materia de desempeño e impacto social, proporcionando herramientas al servicio de todos los actores de este sector. 

La campaña SMART y sus siete Principios de Protección al Cliente (Diseño y distribución apropiada de productos, Prevención del sobreendeudamiento,Transparencia, Precios responsables, Trato justo y respetuoso de los clientes, Privacidad de los datos del cliente y Mecanismos para resolución de quejas) ha sido ampliamente respaldada por instituciones a nivel mundial. La certificación SMART, que implica una auditoría realizada por las agencias de calificación especializadas de todas las prácticas y políticas de la entidad lo cual garantiza que la entidad respeta en la práctica los principios. Actualmente  son 39 instituciones de 19 países diferentes las que tienen la certificación SMART.

Microfinance Transparency tuvo éxito consiguiendo que un buen número de las entidades microfinancieras proporcionaran datos fiables y comparables sobre las tasas de interés reales que cobraban a sus clientes, un factor clave en términos de impacto pues determina las condiciones en las que se concede un crédito. La iniciativa Truelift, que incluye los Principios Pro-Pobre integrados en el sistema CERISE de desempeño social, es otra alternativa que cuenta con su propio mecanismo de certificación desde hace años llamado “Sello de Excelencia” y se apoya en el Progress out of Poverty Index (PPI) impulsado por la Fundación Grameen. 

CERISE, organización internacional con sede en Francia, fue pionera en el desarrollo de la herramienta SPI (Social Performance Indicators). Esta herramienta, actualizada en Septiembre de 2014 y llamada SPI4 (Informe SPI4 Retroalimentación del Terreno elaborado por CERISE y  el  Grupo  de  Trabajo  del Desempeño  Social  (SPTF) de Julio de 2014), es el primer instrumento universal de auditoría sobre el desempeño social para instituciones microfinancieras para que sean más transparentes, mejoren sus prácticas de medición de impacto social y midan su nivel de implementación de los Estándares Universales para la Gestión del desempeño social (los 20 estándares están divididos en 80 prácticas esenciales, que se miden con 200 indicadores). Desde el 2003, más de 500 IMF (Instituciones de Microfinanzas) han utilizado el SPI  para mejorar la evaluación y sus prácticas. 

Como hemos visto, aunque ha habido avances en las diferentes formas y metodologías de medición del impacto de las inversiones de impacto a lo largo de los años, sigue habiendo margen de mejora y unificación o estandarización de criterios o metodologías para que el inversor final, pueda evaluar bien el posible impacto y tenga en cuanta esa información a la hora de decidir dónde invertir. Un área donde es menos complejo medir el impacto es en las inversiones en microfinanzas y para que se entienda pondremos un ejemplo que es el Fondo BOMF (BlueOchard Microfiance Fund), de la gestora BlueOrchard Impact Investing Managers, fundada en 2001 por iniciativa de las Naciones Unidas que está volcada en el fomento de la inclusión financiera de la cual es pionera y líder.   

Actualmente, este Fondo tiene un volumen de más de 3.000 Millones de dólares, invierte en más de 60 países en situación de pobreza e impacta a más de 20 millones de personas. Es difícil obtener un préstamo personal sin garantías y más en zonas pobres. BlueOrchard ofrece préstamos a cambio de definir exactamente a qué tipo de persona se financia, estableciendo unos tipos de interés asumibles. A modo de ejemplo, si se realizara una inversión de 60.000 USD en el fondo y se mantuviera durante 3 años, el impacto sería de 200 personas (teniendo como base que cada préstamo es de 3.000 $ y que el número medio de miembros de la familia son 5). Además el Fondo cuenta con Certificaciones de Calidad reconocidas globalmente.

BlueOrchard trabaja con más de 80 instituciones locales que audita y controla constantemente. Paralelamente, cuenta con un equipo de investigación propio y herramientas con una fuerte gestión del riesgo. El conocimiento local es fundamental gracias al cual se consigue una tasa de impagos inferior al 1%. En Latinoamérica existe una fuerte presión social para evitar un impago, pues imposibilitaría a toda una comunidad el obtener préstamos en un futuro. En ciertas zonas de África con altos porcentajes de analfabetismo, es mucho más fácil de recobrar si se presta a una mujer que si se presta a un hombre. Los microcréditos para microempresarios que otorga el Fondo son de 39 países, el 89% son préstamos personales, de los cuales el 54% son mujeres y el 50% son microempresarios rurales. El mecanismo por el cual el dinero del inversor de impacto, acaba en el microempresario, es pasando por Instituciones de Microfinanzas (IMF) con un conocimiento local y junto con una supervisión bancaria, acaban concediendo previa selección, el microcrédito y siguiendo su devolución por parte del microempresario.

      Como conclusión, no siendo fácil la medición del impacto, es una buena noticia para los inversores de impacto que cada vez se va mejorando la forma de medir el impacto y se van consiguiendo certificaciones reconocidas globalmente y se tienen en cuenta la relación y efecto de unos impactos intencionalmente buscados (por ejemplo inclusión financiera) y otros impactos sobrevenidos también beneficiosos para las personas próximas al microempresario beneficiario del microcrédito, como puede ser el acceso a servicios financieros como seguros de salud, seguros de desempleo, seguro de vivienda, seguros de cosechas, etc… que ayudan poco a poco a las personas a ir saliendo del riesgo de exclusión social y del circulo vicioso de la pobreza. 

Luis Hernández Guijarro
Sobre Luis Hernández Guijarro:

Licenciado en Economía por la Universidad de Navarra. European Financial Advisor (EFA), Certified European Financial Analyst ( CEFA ) y European Certified Environmental, Social and Gobernance Analysts (ESG). Miembro del Instituto Español de Anal...
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